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AUNQUE USTED NO LO CREA
Juan Ramón Martínez mató al tigre y ahora le tiene miedo al cuero. En su artículo publicado en Diario Tiempo, del cual reniega ahora, hace interesantes afirmaciones que comparto: es realmente inconcebible que los hijos de Ramón Villena Morales, el comunistoide como lo califica Martínez, estén ahora apoyando un golpe de Estado, a sabiendas de que la historia recoge, precisamente, el primer acto de traición de los militares a la institucionalidad cometido contra su padre que fue, igualmente, en pijama, enviado al exilio en Costa Rica. Recuerdo, con suma claridad y asqueado, cuando, siendo un adolescente, fui a la Plaza de Armas de La Esperanza a ver los cadáveres de los Guardias Civiles desarmados, asesinados cobardemente por los golpistas. Eran indios intibucanos que pagaban nuevamente con sus vidas la prepotencia de quienes nos han robado la patria. Indudablemente a Villena Morales no le importó eso y no hizo intento alguno por recuperar el mando que le había otorgado, con amplia mayoría, el pueblo hondureño. Aceptó resignadamente los hechos. Yo condené ese acto de felonía y traición. En San Pedo Sula pusieron prisionero en forma humillante a mi Tío Camilo Rivera quien era el Gobernador de Cortés. Y Gustavo Rivera Girón, entonces alcalde de Tela, sufrió la misma humillación.
Entonces, y desde entonces he oído repetir con mucha insistencia que Villena Morales fraguó, él mismo, el golpe, para impedir que Modesto Rodas Alvarado, el favorito en las elecciones, llegara a la Presidencia. No sé si realmente ésto es cierto o no. Lo que si es cierto es que siendo Presidente de la Asamblea Nacional Constituyente, Villena Morales permitió que se introdujera un artículo en la Constitución en que daba autonomía a las Fuerzas Armadas, de tal manera que nunca llegó a ser, en su calidad de Presidente, el Comandante General de los militares. Así dio vida a esa institución que ha sido el dolor de cabeza de los hondureños por su vocación represiva y traidora.
En lo que no coincido con Juan Ramón es que Villena Morales fuera comunistoide o algo parecido, pues fue en su régimen cuando se rompieron relaciones diplomáticas con Cuba, en obediencia lacayuna a las ordenes del amo Yanqui.
Rubén Villena Bermúdez (Rabiber), así conviene a los intereses de unidad de los golpistas, exculpa a Juan Ramón pues siendo “un talentoso escritor no tiene que fallar a la verdad para afianzar sus argumentaciones”. Raviber sabe perfectamente que Juan Ramón miente, como miente él mismo cuando afirma que el Presidente Zelaya entregó nuestra soberanía a Hugo Chávez, (otra vez el cuento de que ahí viene el lobo) y cuando insinúa que Zelaya quería instaurar un gobierno socialista y le reprocha que no nos consultó cuando el delito por el cual dan el golpe de Estado es precisamente porque intenta consultarnos. De refilón, Raviber le echa una chinita a Martínez, porque indudablemente está convencido de que éste escribió el artículo, cuando le dice que cada día está escribiendo mejor, sin terminar de aclarar que es posible que algún día llegue a escribir bien. Rabiver acepta como bueno el Coup d’Etat y quizás tenga la posibilidad de leer en la misma edición del periódico el artículo de Edmundo Orellana Mercado para que se ilustre de porqué, aunque aparentemente los militares no estén al frente del gobierno (si así no fuera no habría asesinatos), el madrugón del 28 de junio es, aunque no lo crea, un golpe de Estado.
En lo que no coincido con Juan Ramón es en que caracteriza a los muertos, a los asesinados, mejor dicho, por los militares durante las protestas pacíficas, como unos pocos revoltosos. Y tal aseveración es congruente con su pensamiento, con su estilo, con su talante de escribidor. Y por supuesto que nadie le va a culpar de ser el autor del cuartelazo. Ya quisiera serlo, de verdad.
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